La displasia fibrosa (DF) es una lesión benigna poco frecuente pero significativa en la región maxilofacial, que plantea retos particulares debido al dolor óseo, las deformidades y las fracturas. La DF representa aproximadamente el 7 % de los tumores óseos benignos, según un estudio. Otro estudio sugiere que la DF constituye aproximadamente uno de cada diez tumores óseos. La DF puede presentarse como una afección aislada o como parte de trastornos multisistémicos, como el síndrome de McCune-Albright, que incluye FD, manchas café con leche e hiperfunción endocrina como pubertad precoz, hipertiroidismo o síndrome de Cushing.3,4 Además, la DF puede estar asociada con mixomas de tejidos blandos en el raro síndrome de Mazabraud. En el diagnóstico diferencial de la FD se tienen en cuenta varias afecciones, entre ellas la enfermedad ósea de Paget, los quistes óseos simples y los tumores de células gigantes. La presentación clínica y el análisis radiográfico son cruciales para diferenciar estas lesiones, teniendo en cuenta factores como la edad del paciente la ubicación de la lesión y su aspecto. Por ejemplo, los fibromas osificantes normalmente reabsorben las raíces de los dientes, mientras que la DF comúnmente las rodea.10 Además, una apariencia de «vidrio esmerilado», que se observa en afecciones como la osteítis fibrosa quística, el hiperparatiroidismo, la enfermedad de Paget y el fibroma cemento-osificante,puede complicar aún más el diagnóstico radiográficode la DF.

La alteración del contorno del hueso alveolar, la reabsorción o dislocación dental, las relaciones interarcadas anormales y la remodelación de la estructura ósea displásica con el tiempo plantean retos importantes para la rehabilitación oral. Las pruebas sugieren que los implantes dentales pueden tener una alta tasa de supervivencia en pacientes con DF. Una revisión sistemática realizada por Pérez et al. informó de una tasa de supervivencia del 100 % para 36 implantes durante un período de seguimiento medio de 51 meses (4,25 años). Además, un estudio de caso realizado por Monje et al. documentó el éxito de la colocación de un implante en el maxilar izquierdo de un paciente tras Tratamiento DF. Se extrajeron los premolares y el primer molar del paciente y, diez meses después de la extirpación de la lesión, se colocaron implantes. Un periodo de seguimiento de un año mostró una osteointegración satisfactoria, sin signos de inflamación, pérdida ósea ni movilidad. Además, un estudio de caso realizado por Monje et al. documentó el éxito de la colocación de implantes en el maxilar izquierdo de un paciente tras el tratamiento de la DF. Se extrajeron los premolares y el primer molar del paciente y, diez meses después de la extirpación de la lesión, se colocaron los implantes. Un periodo de seguimiento de un año mostró una osteointegración satisfactoria, sin signos de inflamación, pérdida ósea ni movilidad.

La DF representa un subconjunto de diversas displasias óseas que pueden afectar al hueso alveolar, lo que plantea retos únicos en la cirugía oral y maxilofacial. Esta afección altera el proceso normal de remodelación ósea, lo que provoca cambios significativos en la estructura y la estabilidad del hueso. Por consiguiente, es fundamental comprender cómo las displasias óseas como la DF afectan a la osteointegración y a la supervivencia a largo plazo de los implantes dentales. Evaluar los efectos de estas lesiones en el éxito de los implantes es clave para optimizar los resultados de los pacientes y desarrollar estrategias de tratamiento personalizadas. En este caso, un paciente con DF monoestótica en el lado derecho del maxilar superior fue tratado con éxito remodelando toda la lesión y conservando los implantes dentales. Los implantes no mostraron signos de movilidad clínica ni de recurrencia de la enfermedad.
Referencia bibliográfica
Amrou, Y. T. Y., Koleilat, A. M., Alrmali, A. E., Nor, F., & Wang, H. L. (2024). Management of post‐implant fibrous dysplasia in the maxilla: A case study. Clinical Advances in Periodontics.
