La evaluación radiográfica previa a la colocación de implantes dentales es fundamental para obtener información precisa sobre las estructuras anatómicas, la disponibilidad ósea y las posibles condiciones que pueden influir en la planificación del tratamiento. La selección del método de imagen debe realizarse de acuerdo con las necesidades de cada paciente, procurando obtener la información diagnóstica necesaria con la menor exposición posible a la radiación. Las radiografías intraorales y extraorales son procedimientos de dosis relativamente baja y pueden proporcionar información útil sobre los dientes y las estructuras óseas; sin embargo, presentan la limitación de ofrecer imágenes bidimensionales, por lo que no permiten valorar completamente la profundidad, el grosor óseo ni la relación espacial entre diferentes estructuras.
Fig.1

Los estudios tomográficos permiten obtener información tridimensional y realizar una evaluación más detallada de la anatomía maxilofacial. La tomografía computarizada convencional ofrece imágenes con gran precisión y ha sido utilizada ampliamente para la planificación de implantes, aunque implica un mayor costo y una dosis de radiación superior a la de las técnicas radiográficas convencionales. La tomografía volumétrica de haz cónico representa una alternativa especialmente útil en implantología, ya que permite obtener imágenes tridimensionales con buena definición anatómica y, generalmente, con una dosis de radiación menor que la tomografía computarizada médica. Esto facilita la valoración de las dimensiones del hueso disponible, la localización de estructuras anatómicas importantes y la planificación de la posición de los implantes.

Un aspecto esencial del diagnóstico por imagen es la identificación de estructuras anatómicas que pueden representar un riesgo durante la cirugía. Entre ellas se encuentran el conducto dentario inferior, el conducto incisivo mandibular, los forámenes mentonianos y sus estructuras neurovasculares asociadas, así como el seno maxilar y el conducto incisivo del maxilar. La correcta identificación de estas estructuras permite establecer márgenes de seguridad y seleccionar una posición adecuada para los implantes, reduciendo la posibilidad de complicaciones. Por ello, no basta con obtener una imagen tridimensional; es necesario que el estudio permita visualizar claramente las estructuras relevantes para el procedimiento.


En conclusión, el diagnóstico radiológico constituye una etapa indispensable para una planificación implantológica adecuada. La utilización racional de las técnicas de imagen permite conocer las características anatómicas de la zona que será tratada, determinar la disponibilidad de hueso e identificar estructuras vitales que deben ser protegidas. La incorporación de estudios tridimensionales, particularmente la tomografía de haz cónico, facilita una planificación más precisa y proporciona información que no puede obtenerse mediante radiografías bidimensionales. Sin embargo, la calidad y utilidad del diagnóstico dependen de seleccionar el estudio apropiado para cada situación clínica y de interpretar correctamente la información obtenida.
Referencia bibliografía
Monsour, P. A., & Dudhia, R. (2008). Implant radiography and radiology. Australian dental journal, 53, S11-S25.